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En La Búsqueda Del Estilo

By 10 Septiembre, 2017 No Comments

Hay un punto en la vida de toda mujer en la que se da cuenta que necesita un estilo propio. No es un secreto que muchas veces nos encontramos mirando nuestro clóset tratando de innovar con lo que tenemos, pero nunca es suficiente. Y es que el proceso siempre termina siendo el mismo: usamos un 20% de lo que tenemos, en looks que reciclamos regularmente.

Cada dos o tres meses, y cansadas de salir con la misma ropa en todas las fotos, decidimos tomarnos las tiendas para encontrar ese “algo” que finalmente hará que nuestro clóset tenga sentido. Sin embargo, cuando llegamos a casa, nuestras bolsas están llenas de los mismos básicos de siempre, o de alguna prenda que llamó nuestra atención al estar colgada en la tienda pero que en la vida real no va a tener mucho uso para nosotras. Es entonces cuando nos encontramos nuevamente comenzando ese ciclo interminable que termina siendo frustrante.

 

No importa lo exitosas o lo buenas que seamos en lo que hacemos, algunas de nosotras tenemos que pensar más de dos veces antes de escoger que sacar del armario para vestirnos. Y es que más de una vez nos encontramos en la encrucijada en la que decimos: No quiero disfrazarme, quiero estilo. Así que el paso lógico cuando uno tiene una necesidad, es buscar un proveedor que la solucione. Y cuando el problema es el estilo, la solución es ¿un estilista?

Existen alrededor de mil estilistas personales en Bogotá, o por lo menos así se siente cuando uno busca en internet para elegir. Algunos tienen páginas que salen en Google, otros sólo se pueden conseguir cuando se es famoso y excesivamente adinerado. Afortunadamente, en esta búsqueda descubrí no sólo a una excelente estilista, sino a una gran mujer, quien me aclaró muchas dudas frente al concepto de la belleza, y me hizo entender que todas las mujeres deberíamos sentirnos cómodas en nuestra propia piel sin importar nuestras características físicas o diferencias.

La mujer en cuestión se llama Ana Paula Celis, y hoy en día es una de las maquilladoras y asesoras de imagen más reconocidas en México. Pero su camino no siempre fue así de brillante. Ana Paula, como muchas otras mujeres, vivó bajo la presión de belleza impuesta por los demás, y sufrió toda su adolescencia por sentirse como el patito feo de su casa al no encajar en los estándares de belleza impuestos por la sociedad en la que se crió.

Esta sensación de no encajar y la presión de la sociedad por alcanzar estos estándares imposibles hicieron que Ana Paula sufriera de bulimia y anorexia, y en un periodo de su vida llegó a pasar hasta 4 horas diarias en el gimnasio para poder alcanzar lo que ella creía como el prototipo ideal de belleza.

Con el tiempo, Ana Paula encontró a través del arte una manera de desfogar su inconformidad, y decidió utilizar su experiencia para ayudar a que otras mujeres a que no pasaran por lo mismo. Fue entonces cuando comenzó a maquillar para resaltar la belleza que tiene cada mujer y hacer que se sientan cómodas con lo que tienen, en vez de pasar todas sus vidas buscando algo que no existe.

Ana Paula asegura que una mujer sana es una familia sana y un país sano, pues las emociones de las mujeres pueden ser tan fuertes, que al no estar cómodas, podrán transmitir esa inconformidad y generar un ciclo de sufrimiento innecesario.  

El diseñador colombiano Adolfo Domínguez comparte la filosofía de Ana Paula, y es consciente de las diferentes necesidades de las mujeres, por eso decidió hacernos una invitación muy especial a su tienda para apreciar su nueva colección, y permitir que Ana Paula demostrara a sus clientas que sus colecciones van más allá de la moda y que todo tipo de mujer tiene cabida en sus diseños.

Después de compartir este espacio con Ana Paula, ahora puedo decir con certeza que existe un estilo que le queda bien a cada persona, sin importar que no esté incluído en los estándares de belleza que impone la moda, y que todas las mujeres podemos llegar a sentirnos cómodas en nuestra propia piel, sin necesidad de acatar los lineamientos, algunas veces nocivos, que rodean el estereotipo de belleza global.